miércoles, 9 de octubre de 2019

el árbol caído

volver a aquellos sitios que son adentro
¿se vuelve a dónde? ¿es posible irse del todo de adentro? ¿del todo que es adentro?
sin embargo, en ese todo, hay separaciones
qué se yo

me peleé mucho con una forma de vivir las emociones, de transcribirlas y pasarlas por la palabra
como si fuera tibio
como si fuera al pedo
como si ocuparse de expresar todo esto, fuese tiempo mal gastado
y me ocupé el tiempo de cosas importantes
trabajar, estudiar, regar las plantas, mirar series

(con las plantas no te metas)

no, claro
tampoco escaparle a todo, tender a lo general
ese impulso por volver al fatalismo, que todo es trágico, todo tanguero
todo a mí, nadie lo entiende

no dejé de vivir
no dejé de sentir
todo esto, sigue pasando en otro plano, tal vez en una terraza del ser
siguió habiendo movimiento ahí arriba, con fiestas, con plantas, seguro que había plantas.

Pero de vuelta, lo tanguero
y me quejo de quien se queja
¿quién carajo soy yo para determinarle la queja al otrx?
que viva lo que quiera

¿o acaso soy yo el que también se determina la sombra?
y le doy un marco de existencia, una ropita, un corset prolijo y a la cama
a la cama, así no te veo.
o a la terraza, así ni te oigo

qué problema desocuparse
deshabitarse
hacer de cuenta que este cuerpo no necesita presencia
creer que, por ser materia, es existencia
no pretendo eso, no pretendo lo existencial tampoco
no quiero hacer tanguera la espiritualidad
esa sí que no me va
la de todo es hermoso y la vida hay que vivirla
no
tampoco la pelotudez del optimismo que hipnotiza
pero ni un extremo ni el otro
lo que enferma es eso, posicionarme tan firme en una postura
no dejar que la estantería se mueva
que los muebles chillen
que rechinen mis huesos, esos que nunca uso
los que activan al amor
el amor que es adentro
porque el de afuera es fácil, se me hace fácil
pero adentro
qué quilombo
si somos muchos y a la vez un todo
una masa homogénea que puja por designar roles
para trabajar, que venga el optimista
pero de puertas para adentro, el callado
y en la pareja, el cálido

¿qué pasa en esa separación?
¿quién de todos esos quiero ser?
¿cómo me determino?
el que mucho abarca, poco aprieta
y el que no se habita...

qué grito de auxilio todo esto que escribo
me estoy yendo a buscar, a esos lugares donde antes me hallaba
no quiero que se me pase el tiempo siendo otro
aunque sea, tengo el tiempo a mi favor: el pasado
ver dónde pisaban mis pies
y volver a andar ese camino,
siguiendo las marcas, mi rastro, mi olor. Mi cuerpo.


miércoles, 28 de junio de 2017

escondidas con el brillo

El brillo tiene eso, a veces juega a las escondidas y vaya uno a saber dónde se metió ahora. Si jugara en un cuartito, o en un patio a lo sumo, todo bien, pero juega adentro de uno y ahí hay que animarse a meterse.
Lo que pasa no es nuevo, pero es como si siempre lo fuera... el elige esconderse, uno, dos, y así hasta diez, o veinte, y donde sea que veo una pista suya, me encuentro con su astucia. No es que me crea el mejor jugador de escondidas, pero creo que soy uno de los tantos que anda buscando el brillo con la cabeza hasta darse cuenta de que chocarse una vez contra lo oscuro, pasa, pero varias, duele.
Y aunque es siempre igual, es diferente cada vez, como son todas las cosas que saben ocuparnos el alma y hacer niditos ahí; camaleónicas. Yo lo busco todas las veces como si fuera la primera. No se, tal vez tenemos un código implícito y el juego consiste también en olvidarnos un poco de las otras veces, ya que el brillo suele ser bastante amigo del misterio. Y así jugamos su juego cada tanto, y la pérdida del brillo al principio es intrigante, más tarde preocupante y si no lo encuentro llega a ser pecho cerrado, jardín seco, pájaro sin alas. A éste panorama me opongo como se opone el árbol al viento pero tarde o temprano termina en sus brazos, danzante. Aunque el árbol en eso es más hábil, a mi sin brillo me cuesta danzar.
La tercera etapa puede durar horas o semanas.
Algo como un manual en mi piel me recuerda que alguna vez dejé pasar el rato para que el brillo venga solo, y tardó mas que el bondi de madrugada, o sea, nunca llegó.
Hoy sé algo, aunque sea de esas cosas que me olvido: al brillo hay que ir a buscarlo, con la cabeza en alto y el corazón al frente, para que sirva de linterna y para que no duelan los chichones.

algunas plantas son maestras en encontrar el brillo, no dudes en pedirles consejo

sábado, 11 de marzo de 2017

Anatomía de las almas

Cuentan los mitos que en los tiempos en que se miraba más al cielo, una tribu creía firmemente en lo estados químicos del alma. Habían comprobado en largas expediciones al cuerpo de los sueños, que los niños se gestaban en vientres líquidos para facilitar los cambios de estado; del gaseoso al líquido, y de éste, al sólido, gracias al cual se apretaban y ordenaban las moléculas para dar forma a las caricias, las sonrisas y las miradas. Pero toda esta forma no era más que una forma. La forma sin forma que daba color al cigoto era el verdadero rostro de cada uno, y a ese rostro se le ponía nombre de flor, de sentimiento o sólo se inventaba alguna palabra nueva para describir el color que se veía en esos viajes.
Cada ser nacía con los tres estados químicos en simultáneo, y, dependiendo del oficio de su alma, se predisponía más a un estado que a los otros. Se dice que esta tribu funcionó en equilibrio con la naturaleza hasta la tormenta del cristianismo, cuando cada rayo en forma de crucifijo los acusó de fantasiosos y pecadores. Un dato sorprendente es que ante estas acusaciones, hay registros de que los integrantes de la tribu se reían hasta el llanto; y que, frente a la hoguera en la que fueron calcinados, cantaban las canciones más hermosas con sus ojos puestos al cielo y sus pies al barro.
A ésta masacre sobrevivió un escrito en el tallo de un sauce que nunca pudieron quemar, por motivos que los pastores llamaron "magia negra" y los que no creían en nada más que en sí mismos llamaron, cortito y al pie: "magia". El sauce le ponía nombre a los estados del alma de esta manera:
A quienes dedican su vida a ser rígidos, a esos que les da miedo mirar a los ojos o sonreirle al viento, los llamaba Engranajes. Tenian una piel tan gruesa que jamás conocieron lo que era la caricia de una mariposa, pero por esta cualidad podían sobrevivir a una tonelada de los mas pesados insultos al alma. El doble filo de su peso y su coraza es que, al mismo tiempo que ésta les da estabilidad para caminar y fortaleza para derribar muros, éstos seres son mas propensos a quebrarse, por tener la misma forma que en la realidad. Sufren muy a menudo de la enfermedad que alimenta nuestra cultura de hoy: la apuritis. El problema es querer caminar mas rápido que la naturaleza, y entonces tropiezan. Como son tan grandes, al caer rompen vidas, el polvo que desprenden contamina y en sus corazones abunda el moho, por no poder airearlo a menudo.
A aquellos que saben patinar sobre el hielo de los conflictos, los llamaban Aceites de Lavanda. Llegan a tiempo a todos los choques de cabeza, y en sus bolsillos guardan una cajita con balas de consejos, una medida de océano de caricias, lo que entra en la boca de una ballena de oídos que escuchan y múltiples cobijas de abrazos (de esos que funcionan siempre como si vinieran de mamá). Ellos eran los comerciantes de la tribu, y de esa forma nunca nadie pasaba hambre.
A quienes llegan siempre una sonrisa antes que el tiempo, se los llama Oloracielo. De estos individuos estaba plagada la tribu, y por eso ellos conocían bien lo que hay más allá del vacío, y tenían mapas completos del espacio que ocupa el alma de los sueños. Se dice que estos seres, con sólo aparecer en un ambiente, techado o no, cambian el clima a soleado aunque llueva tristeza, enojo o cualquier desesperanza. Tambien se dice que en su mirada habita el color de los sueños, y su forma etérea los ayuda a infiltrarse en los sueños de los demás y hacerlos altos; toda esta maniobra la hacen con la mirada... imaginen todo lo que pueden hacer con un abrazo. Un cuento dice que son los portadores de la fórmula del arcoiris, y la pueden revelar sólo en sueños o creando su arte, que es lo mismo.
Hay quienes todavía encienden su lado más gaseoso y son estos los perseguidos en los tiempos que corren. Las dos últimas formas que redacté están siendo rechazadas desde que existe la ciencia, porque esta señora dice que son poco serias, peligrosas o ilusorias. Tenemos la suerte de que aún se mantiene encendida una llama en la gente, y esa llama siempre apaga la oscuridad del miedo.
Claro que si hablamos de los elementos, ya les hable sobre la tierra, el agua y el aire, y se preguntarán qué pasa con el fuego. Se dice que el fuego lo llevamos todos, y lo enciende la pasión por algún arte, por alguna mirada o por cualquier comida. El fuego es eso que se enciende cada vez que pasa un Oloracielo, y es eso que se amaina cuando se topa con los Aceite de Lavanda. El fuego puede ser apagado si uno pasa mucho tiempo siendo Engranaje, porque se ahoga y se corre el peligro de apagarlo para siempre, o mejor dicho hasta la próxima muerte física.
Estamos en una época en la que hay tantos Engranajes que todo anda un poco trabado, como las calles en hora pico. Se podría decir que estamos viviendo la hora pico de la existencia. Por fortuna hay maestros del aire y del agua que andan por ahí, camuflados detrás de un florero, adentro de las guitarras, en los llantos de los bebés y en miles de otros lugares donde abunda el calor de algún fuego inmortal.
El fuego, que no se crea ni se destruye, tiene mucho que ver con el alma.


martes, 15 de noviembre de 2016

cipsela


Que existe ese cuarto, existe.
Que en el cuarto hay muchas puertas, las hay.
Que entre las puertas se cuela la luz, se cuela.

Y que la luz no viene de afuera ni de adentro,
que la luz es espejo de las puertas,
y el reflejo no se acuerda de sitios ni de espacios
de afueras ni de adentros.

Que la luz no se gasta ni se rompe,
y uno mismo es la puerta que se abre,
que al abrir se te inyectan luces de olores, texturas tras sabores, pinturas de todos los sonidos que rebalsan de colores y calores.

Y que parece que hay colores para ver con otros ojos:
ojos de nariz, ojos en la oreja,
ojos en las manos y entre los pelos,
ojos bajo los pies, sobre la tierra,
entre las uñas y la mugre,
un montón de ojos en la lengua y ojitos en los dientes que tienen manos chusmeando sabores, besos, ruidos.

¿dónde termina un sentido y empieza el otro? 


¿donde termina un sentido, 
empieza el otro? 
¿cual de todos? 
¿cuántos hay?


Si hay espacios donde hasta el agua y el aceite se mezclan
si hay momentos en que el silencio se cose al olor de un jazmín;
otros en que el mismo olor viene pegado a un recuerdo;
y a veces un sabor agrio nos trae melodías dulces;
o si existen a destiempo tactos con sabor irrepetible;
si existe todo eso,
¿no puedo yo fundirme en los recovecos del cuarto, con sus luces y sombras?
¿qué pasa si mezclo sabor a canela con fa sostenido?
¿qué pasa si al latido del corazón le pongo olor a caramelo?

¿no se siente rico condimentar los sentidos para colmarnos?
(¿y los sinsentidos, no se condimentan jugando?)

Me parece un lógico sinsentido que lo inalcanzable muchas veces es lo que esta al alcance de la mano.
Mientras los que repiten dicen que hay cosas que están "entre las narices"
¿qué pasa si me fijo qué tengo hoy entre las narices?

Crearme ángulos para ver y mezclarme con la puerta, con la luz, con el cuarto y con la sombra. Crearme cuerpos sin borde y recovecos para dejar de ser ese yo que ya conozco y pasar a ser otra cosa,

un panadero
o un soplo    
de diente de león      

que escucha al aire

se abre al aire    
se vuelve viento      

y empuja al panadero

que ya es "otro"   

y mueve la semilla 

para otro lado    

para otro cuerpo.      

viernes, 7 de octubre de 2016

el ángel

"Blake escribió con mucha amargura:
"Siempre he advertido que los Ángeles tienen la vanidad de hablar de sí mismos como de los únicos sabios. Hacen esto con una confiada insolencia que brota del razonamiento sistemático."

El razonamiento sistemático es algo de lo que tal vez no podamos prescindir ni como especie ni como individuos. Pero tampoco podemos prescindir, si hemos de permanecer sanos, de la percepción directa, cuanto menos sistemática mejor, de los mundos interior y exterior en los que hemos nacido. Esta realidad es un infinito que está más allá de toda comprensión y, sin embargo, puede ser percibida directamente, y desde cierto punto de vista, de modo total. Es una trascendencia que pertenece a un orden distinto del humano y que, sin embargo, puede estar presente en nosotros como una inmanencia sentida, como una participación experimentada. Saber es darse cuenta, siempre, de la realidad total en su diferenciación inmanente; darse cuenta de ello y, aun así, permanecer en condiciones de sobrevivir como animal, de pensar y sentir como ser humano, de recurrir cuando convenga al razonamiento sistemático. Nuestra finalidad es descubrir que siempre hemos estado donde deberíamos estar.

Por desdicha, nos hacemos muy difícil esta tarea. Pero, entretanto, hay gracias gratuitas en la forma de realizaciones parciales y fugaces. Bajo un sistema de educación más realista y menos exclusivamente verbal que el nuestro, todo Ángel —en el sentido que Blake da a la palabra— tendría autorizaciónp5ara un banquete sabático, sería inducido y hasta, en caso necesario, obligado a hacer de cuando en cuando, por medio de alguna Puerta Química en el Muro, un viaje al mundo de la experiencia trascendental. Si esto le aterrara, sería una desdicha, sin duda, pero probablemente saludable. Si le procurara una iluminación breve, pero sin tiempo, tanto mejor. En cualquiera de los casos, el Ángel perdería algo de la confiada insolencia que brota del razonamiento sistemático y de la conciencia de haber leído todos los libros."

martes, 4 de octubre de 2016

Acordar desacordar. Existir en abandono constante.

El otro, lo otro... vamos hablando, discípulos del chisme, dopados por el vicio de encuadrar a lo otro, lo que está fuera nuestro, lo que nos ataca todo el tiempo. Encadenando flores nos creemos la ilusión de este cuerpo.
Tantos locos robando vida al tiempo y dormimos alimentando una supuesta cordura ¿dónde tenés puestas las esposas vos? ¿me ayudas a ver las mías?

El otro es siempre caos; lo ajeno que perturba.
El otro, lo otro: un trastorno que contrae los pulmones y revuelve nuestro ritmo.
El otro, moviendonos como si no fuera tan "otro".
¿Te fijaste cuantos sujetos viven adentro de un otro?
Y con cada uno de esos sujetos, ¿cuantos nosotros interactúan? ¿te animas a contarlos? ¿te animas?


Tantos yoes charlando con tantos ellos; tantas voces ¿para llegar a dónde?. Ni a mi, ni al otro: un mareo que apenas divierte. Un laberinto de palabrerío inquieto y zigzagueante que convocamos para esquivarnos. Tan aburrido como superfluo: olorcito banal de charlas sin sabor ni condimento, charlas que se quemaron y son polvo negro, charlas que ya se extinguieron apenas mezclé los primeros ingredientes. Lo que necesito -pienso, mientras sigo la charla- es alimento real. Y sigo buscando...


El otro es el remolino, lo enredado que de una forma u otra ya tenemos adentro... minutos, horas y vidas peleando con el caos, desatando con una mano los nudos que atamos con la otra. Mirando el canal de lo inesperado llevamos un control sin pilas en la mano.
¿Quién dijo que somos humanos realmente? ¿Cómo aseguramos que ya llegamos a serlo? No nos veo más que como absurdos animales egocéntricos creyendo que libertar es controlar, con un hilo de baba cayendo en exposición de nuestra naturaleza dormida. Llevamos adentro la memoria de los protozoos, los minerales, los vegetales, todo en nuestro gen y esa voz lo usa para convencernos de ser más, mientras somos el eslabón que viaja en pedazos de metal y se enoja porque hay muchos en la calle, porque "no se puede viajar así" y porque estamos haciendo pelota el planeta. ¿Quién fue el que se animó a decir que somos humanos? ¿Quién se anima a decir que somos? ¿yo soy? ¿vos sos? ¿te animás a ser? ¿me animo?

¿Cuántas veces por día realmente soy y elijo ser?

Pero no, claro... como si fuera poco malgastamos la palabra para contarle a los otros que no sabés cuántos nuditos desaté hoy, qué cansado que estoy, cuántos autos había en la calle y qué caro que está el queso.
Y no, los otros no saben. Los otros tienen sus propios nudos, pib@. Cuando termines de contar los tuyos te cuenta los suyos, y así se entretienen hasta la próxima. Y esos nuditos entretienen, pero no son más que supositorios, cosificaciones de lo humano, resumenes de los nudos profundos.
No se trata de nada de eso; desatar los nudos, sacarse las esposas, romper todos nuestros nervios para reponerlos a cada instante es algo de uno, con uno y para uno. Tanta narrativa bajo control empobrece el alma y esa loca de la casa vive escribiendo novelas de puro nudo y sin final. Nudo tras nudo tras nudo, auto tras auto tras auto, insulto tras insulto... humanos. Redimidos humanos que dejamos ahí esperando y nunca crecieron.
Redención frente al caos es deshumanización.
Nuestro niño espera para jugar de nuevo en el parque de los astros, hogar del caos.

Ajustar el caos, humanizarse, no tiene nada que ver con cordura o control... tiene que ver con ángulos de visión. Abrirse a la vastedad, a lo panorámico, para que la magia de ser no se estanque en nuestras palabritas hormigas, en nuestros problemitas vagos de temporal, de día nublado, de bondi lleno.
Ir mas allá de lo que conocemos como magia es siempre ir hacia ella. Nunca se llega (lamento informarlo. No hay a dónde llegar, sino hacia dónde ir y las ganas de ir).
En el caos hay fertilidad, en la crisis oportunidad y en los ojos se despliega el caudal que desata todo con su catarata de presente.
En lo otro puede haber flexibilidad, pero no porque el otro se flexibilice o porque lo induzcamos a tal cosa. La magia está en nuestras manos, en nuestros ojos, en los nudos mismos que escondemos.
El verdadero mago está siempre abandonándose, reviviéndose.
¿Te animas? ¿o preferís quejarte?
¿Te animas a destruirte?


Todos los conformistas sufren de cordura y sensatez.


Chico: No trates de doblar la cuchara. Eso es imposible. En su lugar sólo trate de darse cuenta de la verdad.
Neo: ¿Qué verdad?
Chico: Que no hay cuchara.
Neo: ¿No hay cuchara?
Chico: Entonces verá que no es la cuchara que se dobla, sino usted mismo.


miércoles, 28 de septiembre de 2016

azul







"...sabe que no se puede ver ningún sentido en nada de lo sucedido hasta ahora. Por una vez, no se siente desalentado por ello. De hecho, cuando sondea más profunda­mente dentro de sí, se da cuenta de que en conjunto se siente bastante fortalecido. Descubre que hay algo agradable en estar a oscuras, algo emocionante en no saber lo que va a suceder. Te mantiene alerta, piensa, y no hay nada de malo en eso, ¿ver­dad? Con los ojos bien abiertos y en puntillas, absorbiéndolo todo, listo para cualquier cosa."







Paul Auster