martes, 5 de enero de 2021

impotente

 me encuentro, desacatado, entre el límite que me empuja de donde estoy

y el borde que me aprieta


creo en la certeza de la carne

de lo propio, lo que no tiene la niebla del mundo de afuera


pero el afuera

qué convincente


escribo con rabia, con los huesos

trato de hacerle el flequillo a mis ideas

y se me escapa la tijera


yo las recorto, las ideas me queman


me quedé con eso dando vueltas, lo de serse fiel

que serse fiel es el éxito

y me hace ruido, y ese ruido me gusta


rondo entre la nostalgia de ser un bicho sensible,

y la certeza de la penetración sentida 

entre teorías de stevia que me cuentan las voces

y la potencia de la materia toda


la pregunta, dejándome de joder un poco: cómo hacer que la potencia no excluya lo delicado

viernes, 20 de noviembre de 2020


es importante volver a mí 

volver al descontrol que soy

saciarme de caos de cuando en cuando

dejar de contener los pasos

los espasmos 

como estornudos que no salen

y hacen nido en las ideas


permitirme cierta oscuridad, cuando los días se acumulen

cuando las horas valgan menos

y pesen más entre los hombros

días que se vuelven contractura


pero no una oscuridad pasiva, sino activa

oscuridad activa

fundamentalismo de la pulsión 

sombra en movimiento 


agitar el avispero:

detrás del telón 

un suspiro crece

la tierra se quiebra

rapidez y

foco

lo emergente sólo dura un espasmo

y ese espasmo dura, a veces, 

semanas enteras


la sombra deja huella

lunes, 10 de agosto de 2020

pagá atención (o pay attention)

hay días en los que hace silencio

días en los que llego a escuchar el sonido del agua cayendo entre los huecos del mate

días en los que aprecio esos interines en los que dejan de pasar autos por la calle

obvio: empecé a escribir esto y alguien prendió una amoladora

así funciona la atención

¿pasará lo mismo cuando escribimos sobre la felicidad? ¿sobre esos momentos de "plenitud"?

=

me encuentro con textos por la mitad, y vuelvo a ellos como quien ya se ha ido, de la única forma que se puede volver, que es yéndose

quedándote o yéndote, canta el flaco: siguiendo o volviendo, sería otra manera de sentirlo

quien sigue, quien permanece en aquello, también permanece en sí mismx, en esa forma de mirar el mundo que pertenece a quien está siendo y no puede dejar de ser de una misma manera

pero volver es una acción que le pertenece a quien es Otre, a aquel/la que yéndose se convierte, porque irse es quitarse del medio, es desposeerse, una substracción que desarticula a aquello que supo permanecer

irse, tal vez, sea la única forma de alterarse 

Me acuerdo de Julio:

"Hay quien ha sostenido que la rehabilitación sólo es posible alterándose, pero olvidó que toda recaída es una desalteración, una vuelta al barro de la culpa.

En efecto, somos lo más que somos porque nos alteramos, salimos del barro en busca de la felicidad y la conciencia y los pies limpios..."

=

¿será ese silencio intermediario, entre el mate y los autos, una alteración o una recaída?

por un momento, pienso que la recaída fue el ruido de la amoladora, pero ¿por qué ir a ese lugar común tan predefinido?

asociar la recaída a lo negativo, deja implícito el dominio de lo alto sobre lo bajo, de lo de arriba con lo de abajo, pero si lo veo a gran escala fue la amoladora la que hizo de alteración, y la recaída era ese aparente silencio entre una cosa y otra

me voy de lo perceptivo, a lo vincular, a lo metafórico, y vuelvo. Siempre vuelvo.

me hubiera gustado quedarme apreciando aquel silencio, pero hubiera escrito solamente sobre el silencio, y no sobre su ausencia

sería el mismo

pero la ausencia me hace Otro

viernes, 10 de julio de 2020

anoche

Guardé tu cepillo de dientes.
Aunque estuviera en el ambiente más chico de mi casa, en la intimidad más mía, donde me saco el día de encima y me desnudo casi a diario; ocupaba mucho espacio. Ahí hace más frío en invierno, pero me da más frío si no lo saco de mi vista. Ahí me saco selfies en el inodoro y logro con una pinza que mis cejas se separen, intimidades de estos tiempos, pero el estaba inmolado, petrificado, y me miraba tanto.
 
Qué dificil es sacarlos cuando se encarnan:
los pelos
los cepillos
los amores
las palabras.
Es que ya me intimidaba. No puedo ir al baño si me están mirando.

No tengo fotos nuestras en la casa, tu ropa la dejé a un costado. Tu lado de la cama está bien planchado y no se arruga hace bastante. Todavía me quedan nuestras canciones, que cada tanto canto. Los recuerdos están más lustrados que nunca, no se cómo es que el tiempo nos hace mentir tanto. Bueno, lo de las canciones era mentira, en realidad casi nunca las canto y trato de no hacerlo; me aprendí unas nuevas con acordes bien jodidos para que la cabeza se entretenga. Es como un alplax, pero casero. Un placebo, si lo pienso un poco.
Pero el cepillo... el cepillo es un contrato. 
Hay una ética implícita en cada cepillo que se deja en una casa ajena. El cepillo es un reloj; o más bien es lo que puso en marcha al tiempo, y también lo que lo detiene. Se cicatriza en el medio de un momento de certeza, de esos momentos que no abundan en la vida, por eso se vuelve cosa del más allá, porque queda envuelto como en un halo de misticismo pedorro medio ilógico (porque, qué tiene que ver lo místico con los dientes y los baños? bueno, para mí mucho).
No sé, me costó mucho sacarlo. Mirá que en general la moral me pesa liviano.
Me acuerdo el día que lo dejaste.
No se para qué desenterré esto ahora. Hasta la semana que viene no tengo terapia.
Tengo los bolsillos llenos de acordes jodidos, de placebo y recuerdos bien lustrados, pero ahora, con tan poco lugar adentro no puedo tener el espacio más chico de la casa tan ocupado.
No es nada en contra tuyo, creo que lo tenés claro, pero ese pedacito de plástico me está ocupando el recuerdo. Y quiero que haga silencio, por eso lo guardo.
Pero aunque lo guarde, te sigo escribiendo. Las palabras no sé guardarmelas tanto.

virtual anudado

se me ha corrompido la realidad
tengo una pantalla metida en el cerebro
como un ideal, se me cuela y desajusta
para no ver lo que no me gusta

-pero, entonces, ¿hay realidad que no sea desajuste?-

siempre angustiado en el fondo
como forma de catarsis inmanente
una angustia que refleja resistencia a inmolarme
en la imagen pincelada
por esas trenzas de pixel y caracteres
de bits y normas

un candombe de ideales hacinados
por la angustia, que es de todes
por no poder abrazarnos

viernes, 19 de junio de 2020

etimologías

doce pestañas abiertas en el explorador
buscando, encontrando algo en apariencia. 
rebuscándome
refunfuñando de tanta búsqueda
desencontrándome en palabras, en texto ajeno, en alteridad
y de golpe, reírme
ir cantando con las palabras que me voy cruzando en la calle
y jugar sin regla
encontrarme con el sinsentido que soy
que cuanto más busco tenerlo, más me enriedo


pensando 
en todo ese significado detrás del significado que pretendo leer
todo ese revés del revés del reverso
recontradictorio
que me deja adicto
a-dicto, no dicho
y busco -obviamente- en internet, su etimología
y a viene del griego, pero dictus del latín
entonces, sería mas bien “ad-dictus”
“para decir”, dice un tal Roberto en internet


me deja adicto, entonces
me deja “para decir”, 
o algo por decir: todavía no dicho
(me hace sentido también, porque cuando quedo pegado a la búsqueda, no digo)
me obligo a encontrar algo y no despego de ese engranaje
quedo agobiado
-etimología-
agobiado, ad-gibbus, asociado a la joroba: jorobado
y en criollo, alguien jorobado es alguien jodido
y quien joroba es quien molesta
quedo, entonces, molesto.


me jorobo con mi adicción a la búsqueda de sentido
y a todo esto: no sé si pretendo ser canal de algo omnisciente 
como dios, como la energía universal y tal
o sí
accedo a eso si dios no tiene sentido
accedo a eso si la cosa simplemente fluye, y nosotros la observamos
pero no creo en una gran inteligencia que juega a nuestro favor
no hay favor o desprecio en la inteligencia superior
somos todos lo mismo: parte de aquella
y no tenemos sentido, ni aquella lo tiene
fluye, recorre, esparce, exclama

dios es un signo de exclamación abierto

miércoles, 15 de abril de 2020

desde cuando?
hace cuanto?
escribo para no olvidarme o para recordar?
cualquiera de las dos es fantasía
no hay recuerdo de lo que queda pegado entre los poros
y así, cada vez, lo olvidamos.

lo inédito
lo intempestivo
como ese canto fuera de serie
ese llanto acorralado para que no lo escuchen
como tiembla el cuerpo
cuando tiene miedo

quién soy no es la pregunta
sino cómo ir siendo
esto que ya era

romper el cascarón de saturno
quebrarme en soledades
romper mi tiempo
quejarme de lo poco y de lo mucho

el tiempo

miércoles, 9 de octubre de 2019

el árbol caído

volver a aquellos sitios que son adentro
¿se vuelve a dónde? ¿es posible irse del todo de adentro? ¿del todo que es adentro?
sin embargo, en ese todo, hay separaciones
qué se yo

me peleé mucho con una forma de vivir las emociones, de transcribirlas y pasarlas por la palabra
como si fuera tibio
como si fuera al pedo
como si ocuparse de expresar todo esto, fuese tiempo mal gastado
y me ocupé el tiempo de cosas importantes
trabajar, estudiar, regar las plantas, mirar series

(con las plantas no te metas)

no, claro
tampoco escaparle a todo, tender a lo general
ese impulso por volver al fatalismo, que todo es trágico, todo tanguero
todo a mí, nadie lo entiende

no dejé de vivir
no dejé de sentir
todo esto, sigue pasando en otro plano, tal vez en una terraza del ser
siguió habiendo movimiento ahí arriba, con fiestas, con plantas, seguro que había plantas.

Pero de vuelta, lo tanguero
y me quejo de quien se queja
¿quién carajo soy yo para determinarle la queja al otrx?
que viva lo que quiera

¿o acaso soy yo el que también se determina la sombra?
y le doy un marco de existencia, una ropita, un corset prolijo y a la cama
a la cama, así no te veo.
o a la terraza, así ni te oigo

qué problema desocuparse
deshabitarse
hacer de cuenta que este cuerpo no necesita presencia
creer que, por ser materia, es existencia
no pretendo eso, no pretendo lo existencial tampoco
no quiero hacer tanguera la espiritualidad
esa sí que no me va
la de todo es hermoso y la vida hay que vivirla
no
tampoco la pelotudez del optimismo que hipnotiza
pero ni un extremo ni el otro
lo que enferma es eso, posicionarme tan firme en una postura
no dejar que la estantería se mueva
que los muebles chillen
que rechinen mis huesos, esos que nunca uso
los que activan al amor
el amor que es adentro
porque el de afuera es fácil, se me hace fácil
pero adentro
qué quilombo
si somos muchos y a la vez un todo
una masa homogénea que puja por designar roles
para trabajar, que venga el optimista
pero de puertas para adentro, el callado
y en la pareja, el cálido

¿qué pasa en esa separación?
¿quién de todos esos quiero ser?
¿cómo me determino?
el que mucho abarca, poco aprieta
y el que no se habita...

qué grito de auxilio todo esto que escribo
me estoy yendo a buscar, a esos lugares donde antes me hallaba
no quiero que se me pase el tiempo siendo otro
aunque sea, tengo el tiempo a mi favor: el pasado
ver dónde pisaban mis pies
y volver a andar ese camino,
siguiendo las marcas, mi rastro, mi olor. Mi cuerpo.


miércoles, 28 de junio de 2017

escondidas con el brillo

El brillo tiene eso, a veces juega a las escondidas y vaya uno a saber dónde se metió ahora. Si jugara en un cuartito, o en un patio a lo sumo, todo bien, pero juega adentro de uno y ahí hay que animarse a meterse.
Lo que pasa no es nuevo, pero es como si siempre lo fuera... el elige esconderse, uno, dos, y así hasta diez, o veinte, y donde sea que veo una pista suya, me encuentro con su astucia. No es que me crea el mejor jugador de escondidas, pero creo que soy uno de los tantos que anda buscando el brillo con la cabeza hasta darse cuenta de que chocarse una vez contra lo oscuro, pasa, pero varias, duele.
Y aunque es siempre igual, es diferente cada vez, como son todas las cosas que saben ocuparnos el alma y hacer niditos ahí; camaleónicas. Yo lo busco todas las veces como si fuera la primera. No se, tal vez tenemos un código implícito y el juego consiste también en olvidarnos un poco de las otras veces, ya que el brillo suele ser bastante amigo del misterio. Y así jugamos su juego cada tanto, y la pérdida del brillo al principio es intrigante, más tarde preocupante y si no lo encuentro llega a ser pecho cerrado, jardín seco, pájaro sin alas. A éste panorama me opongo como se opone el árbol al viento pero tarde o temprano termina en sus brazos, danzante. Aunque el árbol en eso es más hábil, a mi sin brillo me cuesta danzar.
La tercera etapa puede durar horas o semanas.
Algo como un manual en mi piel me recuerda que alguna vez dejé pasar el rato para que el brillo venga solo, y tardó mas que el bondi de madrugada, o sea, nunca llegó.
Hoy sé algo, aunque sea de esas cosas que me olvido: al brillo hay que ir a buscarlo, con la cabeza en alto y el corazón al frente, para que sirva de linterna y para que no duelan los chichones.

algunas plantas son maestras en encontrar el brillo, no dudes en pedirles consejo

sábado, 11 de marzo de 2017

Anatomía de las almas

Cuentan los mitos que en los tiempos en que se miraba más al cielo, una tribu creía firmemente en lo estados químicos del alma. Habían comprobado en largas expediciones al cuerpo de los sueños, que los niños se gestaban en vientres líquidos para facilitar los cambios de estado; del gaseoso al líquido, y de éste, al sólido, gracias al cual se apretaban y ordenaban las moléculas para dar forma a las caricias, las sonrisas y las miradas. Pero toda esta forma no era más que una forma. La forma sin forma que daba color al cigoto era el verdadero rostro de cada uno, y a ese rostro se le ponía nombre de flor, de sentimiento o sólo se inventaba alguna palabra nueva para describir el color que se veía en esos viajes.
Cada ser nacía con los tres estados químicos en simultáneo, y, dependiendo del oficio de su alma, se predisponía más a un estado que a los otros. Se dice que esta tribu funcionó en equilibrio con la naturaleza hasta la tormenta del cristianismo, cuando cada rayo en forma de crucifijo los acusó de fantasiosos y pecadores. Un dato sorprendente es que ante estas acusaciones, hay registros de que los integrantes de la tribu se reían hasta el llanto; y que, frente a la hoguera en la que fueron calcinados, cantaban las canciones más hermosas con sus ojos puestos al cielo y sus pies al barro.
A ésta masacre sobrevivió un escrito en el tallo de un sauce que nunca pudieron quemar, por motivos que los pastores llamaron "magia negra" y los que no creían en nada más que en sí mismos llamaron, cortito y al pie: "magia". El sauce le ponía nombre a los estados del alma de esta manera:
A quienes dedican su vida a ser rígidos, a esos que les da miedo mirar a los ojos o sonreirle al viento, los llamaba Engranajes. Tenian una piel tan gruesa que jamás conocieron lo que era la caricia de una mariposa, pero por esta cualidad podían sobrevivir a una tonelada de los mas pesados insultos al alma. El doble filo de su peso y su coraza es que, al mismo tiempo que ésta les da estabilidad para caminar y fortaleza para derribar muros, éstos seres son mas propensos a quebrarse, por tener la misma forma que en la realidad. Sufren muy a menudo de la enfermedad que alimenta nuestra cultura de hoy: la apuritis. El problema es querer caminar mas rápido que la naturaleza, y entonces tropiezan. Como son tan grandes, al caer rompen vidas, el polvo que desprenden contamina y en sus corazones abunda el moho, por no poder airearlo a menudo.
A aquellos que saben patinar sobre el hielo de los conflictos, los llamaban Aceites de Lavanda. Llegan a tiempo a todos los choques de cabeza, y en sus bolsillos guardan una cajita con balas de consejos, una medida de océano de caricias, lo que entra en la boca de una ballena de oídos que escuchan y múltiples cobijas de abrazos (de esos que funcionan siempre como si vinieran de mamá). Ellos eran los comerciantes de la tribu, y de esa forma nunca nadie pasaba hambre.
A quienes llegan siempre una sonrisa antes que el tiempo, se los llama Oloracielo. De estos individuos estaba plagada la tribu, y por eso ellos conocían bien lo que hay más allá del vacío, y tenían mapas completos del espacio que ocupa el alma de los sueños. Se dice que estos seres, con sólo aparecer en un ambiente, techado o no, cambian el clima a soleado aunque llueva tristeza, enojo o cualquier desesperanza. Tambien se dice que en su mirada habita el color de los sueños, y su forma etérea los ayuda a infiltrarse en los sueños de los demás y hacerlos altos; toda esta maniobra la hacen con la mirada... imaginen todo lo que pueden hacer con un abrazo. Un cuento dice que son los portadores de la fórmula del arcoiris, y la pueden revelar sólo en sueños o creando su arte, que es lo mismo.
Hay quienes todavía encienden su lado más gaseoso y son estos los perseguidos en los tiempos que corren. Las dos últimas formas que redacté están siendo rechazadas desde que existe la ciencia, porque esta señora dice que son poco serias, peligrosas o ilusorias. Tenemos la suerte de que aún se mantiene encendida una llama en la gente, y esa llama siempre apaga la oscuridad del miedo.
Claro que si hablamos de los elementos, ya les hable sobre la tierra, el agua y el aire, y se preguntarán qué pasa con el fuego. Se dice que el fuego lo llevamos todos, y lo enciende la pasión por algún arte, por alguna mirada o por cualquier comida. El fuego es eso que se enciende cada vez que pasa un Oloracielo, y es eso que se amaina cuando se topa con los Aceite de Lavanda. El fuego puede ser apagado si uno pasa mucho tiempo siendo Engranaje, porque se ahoga y se corre el peligro de apagarlo para siempre, o mejor dicho hasta la próxima muerte física.
Estamos en una época en la que hay tantos Engranajes que todo anda un poco trabado, como las calles en hora pico. Se podría decir que estamos viviendo la hora pico de la existencia. Por fortuna hay maestros del aire y del agua que andan por ahí, camuflados detrás de un florero, adentro de las guitarras, en los llantos de los bebés y en miles de otros lugares donde abunda el calor de algún fuego inmortal.
El fuego, que no se crea ni se destruye, tiene mucho que ver con el alma.


martes, 15 de noviembre de 2016

cipsela


Que existe ese cuarto, existe.
Que en el cuarto hay muchas puertas, las hay.
Que entre las puertas se cuela la luz, se cuela.

Y que la luz no viene de afuera ni de adentro,
que la luz es espejo de las puertas,
y el reflejo no se acuerda de sitios ni de espacios
de afueras ni de adentros.

Que la luz no se gasta ni se rompe,
y uno mismo es la puerta que se abre,
que al abrir se te inyectan luces de olores, texturas tras sabores, pinturas de todos los sonidos que rebalsan de colores y calores.

Y que parece que hay colores para ver con otros ojos:
ojos de nariz, ojos en la oreja,
ojos en las manos y entre los pelos,
ojos bajo los pies, sobre la tierra,
entre las uñas y la mugre,
un montón de ojos en la lengua y ojitos en los dientes que tienen manos chusmeando sabores, besos, ruidos.

¿dónde termina un sentido y empieza el otro? 


¿donde termina un sentido, 
empieza el otro? 
¿cual de todos? 
¿cuántos hay?


Si hay espacios donde hasta el agua y el aceite se mezclan
si hay momentos en que el silencio se cose al olor de un jazmín;
otros en que el mismo olor viene pegado a un recuerdo;
y a veces un sabor agrio nos trae melodías dulces;
o si existen a destiempo tactos con sabor irrepetible;
si existe todo eso,
¿no puedo yo fundirme en los recovecos del cuarto, con sus luces y sombras?
¿qué pasa si mezclo sabor a canela con fa sostenido?
¿qué pasa si al latido del corazón le pongo olor a caramelo?

¿no se siente rico condimentar los sentidos para colmarnos?
(¿y los sinsentidos, no se condimentan jugando?)

Me parece un lógico sinsentido que lo inalcanzable muchas veces es lo que esta al alcance de la mano.
Mientras los que repiten dicen que hay cosas que están "entre las narices"
¿qué pasa si me fijo qué tengo hoy entre las narices?

Crearme ángulos para ver y mezclarme con la puerta, con la luz, con el cuarto y con la sombra. Crearme cuerpos sin borde y recovecos para dejar de ser ese yo que ya conozco y pasar a ser otra cosa,

un panadero
o un soplo    
de diente de león      

que escucha al aire

se abre al aire    
se vuelve viento      

y empuja al panadero

que ya es "otro"   

y mueve la semilla 

para otro lado    

para otro cuerpo.      

viernes, 7 de octubre de 2016

el ángel

"Blake escribió con mucha amargura:
"Siempre he advertido que los Ángeles tienen la vanidad de hablar de sí mismos como de los únicos sabios. Hacen esto con una confiada insolencia que brota del razonamiento sistemático."

El razonamiento sistemático es algo de lo que tal vez no podamos prescindir ni como especie ni como individuos. Pero tampoco podemos prescindir, si hemos de permanecer sanos, de la percepción directa, cuanto menos sistemática mejor, de los mundos interior y exterior en los que hemos nacido. Esta realidad es un infinito que está más allá de toda comprensión y, sin embargo, puede ser percibida directamente, y desde cierto punto de vista, de modo total. Es una trascendencia que pertenece a un orden distinto del humano y que, sin embargo, puede estar presente en nosotros como una inmanencia sentida, como una participación experimentada. Saber es darse cuenta, siempre, de la realidad total en su diferenciación inmanente; darse cuenta de ello y, aun así, permanecer en condiciones de sobrevivir como animal, de pensar y sentir como ser humano, de recurrir cuando convenga al razonamiento sistemático. Nuestra finalidad es descubrir que siempre hemos estado donde deberíamos estar.

Por desdicha, nos hacemos muy difícil esta tarea. Pero, entretanto, hay gracias gratuitas en la forma de realizaciones parciales y fugaces. Bajo un sistema de educación más realista y menos exclusivamente verbal que el nuestro, todo Ángel —en el sentido que Blake da a la palabra— tendría autorizaciónp5ara un banquete sabático, sería inducido y hasta, en caso necesario, obligado a hacer de cuando en cuando, por medio de alguna Puerta Química en el Muro, un viaje al mundo de la experiencia trascendental. Si esto le aterrara, sería una desdicha, sin duda, pero probablemente saludable. Si le procurara una iluminación breve, pero sin tiempo, tanto mejor. En cualquiera de los casos, el Ángel perdería algo de la confiada insolencia que brota del razonamiento sistemático y de la conciencia de haber leído todos los libros."

martes, 4 de octubre de 2016

Acordar desacordar. Existir en abandono constante.

El otro, lo otro... vamos hablando, discípulos del chisme, dopados por el vicio de encuadrar a lo otro, lo que está fuera nuestro, lo que nos ataca todo el tiempo. Encadenando flores nos creemos la ilusión de este cuerpo.
Tantos locos robando vida al tiempo y dormimos alimentando una supuesta cordura ¿dónde tenés puestas las esposas vos? ¿me ayudas a ver las mías?

El otro es siempre caos; lo ajeno que perturba.
El otro, lo otro: un trastorno que contrae los pulmones y revuelve nuestro ritmo.
El otro, moviendonos como si no fuera tan "otro".
¿Te fijaste cuantos sujetos viven adentro de un otro?
Y con cada uno de esos sujetos, ¿cuantos nosotros interactúan? ¿te animas a contarlos? ¿te animas?


Tantos yoes charlando con tantos ellos; tantas voces ¿para llegar a dónde?. Ni a mi, ni al otro: un mareo que apenas divierte. Un laberinto de palabrerío inquieto y zigzagueante que convocamos para esquivarnos. Tan aburrido como superfluo: olorcito banal de charlas sin sabor ni condimento, charlas que se quemaron y son polvo negro, charlas que ya se extinguieron apenas mezclé los primeros ingredientes. Lo que necesito -pienso, mientras sigo la charla- es alimento real. Y sigo buscando...


El otro es el remolino, lo enredado que de una forma u otra ya tenemos adentro... minutos, horas y vidas peleando con el caos, desatando con una mano los nudos que atamos con la otra. Mirando el canal de lo inesperado llevamos un control sin pilas en la mano.
¿Quién dijo que somos humanos realmente? ¿Cómo aseguramos que ya llegamos a serlo? No nos veo más que como absurdos animales egocéntricos creyendo que libertar es controlar, con un hilo de baba cayendo en exposición de nuestra naturaleza dormida. Llevamos adentro la memoria de los protozoos, los minerales, los vegetales, todo en nuestro gen y esa voz lo usa para convencernos de ser más, mientras somos el eslabón que viaja en pedazos de metal y se enoja porque hay muchos en la calle, porque "no se puede viajar así" y porque estamos haciendo pelota el planeta. ¿Quién fue el que se animó a decir que somos humanos? ¿Quién se anima a decir que somos? ¿yo soy? ¿vos sos? ¿te animás a ser? ¿me animo?

¿Cuántas veces por día realmente soy y elijo ser?

Pero no, claro... como si fuera poco malgastamos la palabra para contarle a los otros que no sabés cuántos nuditos desaté hoy, qué cansado que estoy, cuántos autos había en la calle y qué caro que está el queso.
Y no, los otros no saben. Los otros tienen sus propios nudos, pib@. Cuando termines de contar los tuyos te cuenta los suyos, y así se entretienen hasta la próxima. Y esos nuditos entretienen, pero no son más que supositorios, cosificaciones de lo humano, resumenes de los nudos profundos.
No se trata de nada de eso; desatar los nudos, sacarse las esposas, romper todos nuestros nervios para reponerlos a cada instante es algo de uno, con uno y para uno. Tanta narrativa bajo control empobrece el alma y esa loca de la casa vive escribiendo novelas de puro nudo y sin final. Nudo tras nudo tras nudo, auto tras auto tras auto, insulto tras insulto... humanos. Redimidos humanos que dejamos ahí esperando y nunca crecieron.
Redención frente al caos es deshumanización.
Nuestro niño espera para jugar de nuevo en el parque de los astros, hogar del caos.

Ajustar el caos, humanizarse, no tiene nada que ver con cordura o control... tiene que ver con ángulos de visión. Abrirse a la vastedad, a lo panorámico, para que la magia de ser no se estanque en nuestras palabritas hormigas, en nuestros problemitas vagos de temporal, de día nublado, de bondi lleno.
Ir mas allá de lo que conocemos como magia es siempre ir hacia ella. Nunca se llega (lamento informarlo. No hay a dónde llegar, sino hacia dónde ir y las ganas de ir).
En el caos hay fertilidad, en la crisis oportunidad y en los ojos se despliega el caudal que desata todo con su catarata de presente.
En lo otro puede haber flexibilidad, pero no porque el otro se flexibilice o porque lo induzcamos a tal cosa. La magia está en nuestras manos, en nuestros ojos, en los nudos mismos que escondemos.
El verdadero mago está siempre abandonándose, reviviéndose.
¿Te animas? ¿o preferís quejarte?
¿Te animas a destruirte?


Todos los conformistas sufren de cordura y sensatez.


Chico: No trates de doblar la cuchara. Eso es imposible. En su lugar sólo trate de darse cuenta de la verdad.
Neo: ¿Qué verdad?
Chico: Que no hay cuchara.
Neo: ¿No hay cuchara?
Chico: Entonces verá que no es la cuchara que se dobla, sino usted mismo.


miércoles, 28 de septiembre de 2016

azul







"...sabe que no se puede ver ningún sentido en nada de lo sucedido hasta ahora. Por una vez, no se siente desalentado por ello. De hecho, cuando sondea más profunda­mente dentro de sí, se da cuenta de que en conjunto se siente bastante fortalecido. Descubre que hay algo agradable en estar a oscuras, algo emocionante en no saber lo que va a suceder. Te mantiene alerta, piensa, y no hay nada de malo en eso, ¿ver­dad? Con los ojos bien abiertos y en puntillas, absorbiéndolo todo, listo para cualquier cosa."







Paul Auster

viernes, 16 de septiembre de 2016

Ahora es siempre

No se tiró del tobogán.
No se animó, no besó.
Apenas se movió, no bailó.
No le gritó que se quedara.
No abrazó a papá.
A mamá le corrió la cara.
No perdonó.
Amó. No se la jugó.
No le dijo que el quería. Mucho menos que la quería.
Nunca contó qué era lo que quería.
Nunca se habló a sí mismo.
No dijo que si, tampoco dijo que no.
Cuando lloró, no supo que hacer.
Nunca tembló.

Su suelo ya tenía la huella de sus pies. Nunca la cambió ni intentó correrse de ahí. Su huella era su certeza y no viajó...
Se quedó en casa y cuando el cigarrillo le quemó los dedos una idea lo cabeceó de lleno, y una vibración distinta lo recorrió y lo levantó en explosión. Como el vapor levanta la tapa de la olla, así: sin control.
Nunca había caminado tan firme. Abrió la puerta y corrió. Nunca había llovido tan fuerte. Nunca había corrido tan rápido. Nunca había salido sin abrigo un día como ese.
Abajo de los paraguas los juicios se escurrįan por las miradas. Nunca se había dado cuenta que estaban. Sonrió. Nunca había sonreído bajo el agua. Nunca había sonreído mientras los juicios lo miraban. Nunca habia tenido tan poco frío en plena lluvia de invierno. Nunca saboreó así la lluvia que ahora se sentía salada.
La casa estaba a varias cuadras, cuadras que nunca había recorrido tan rápido. Estaba todo igual y tan distinto: estaba el timbre, la ansiedad, el primer temblor, la voz como campana de toda belleza, y estaba también asomado el pelo, la frente, los ojos, los ojos (nunca se habia hipnotizado así), los ojos cambiando de forma por los dientes que se asomaban, dientes que cambiaban y agrandaban toda su hermosura. Nunca pensó que podía ser más linda.

Nunca había sentido eso. Nunca. Nunca vio realmente esos ojos.

Y sintió de todo, sintió como nunca hasta que pensó.

Pensó, en cuestión de segundos pensó qué gran paradoja que nos cueste tanto ir adonde sabemos que nos vamos a encontrar. Qué especie rara de gravedad forzada esta levedad de existir.

Nunca dejó a una idea descansar tan rápido.

Nunca había soltado una idea porque sí. Nunca había devuelto una idea en un sobre que llevaba escrito 'gracias'.

El beso te lo podrás imaginar.

La magia del beso es imaginar.

Nunca llovieron tan fuerte sus ojos.












[fecha original: 06.09.2016]

jueves, 1 de septiembre de 2016

Adhesiones de lo inconcreto (relato vertiginoso)

Hilos que conectan con nudos minuciosos. Cuerpos comunicados a partir de hilos, interactuando a través de ellos.

Lo tangible y lo intangible de nuestros cuerpos en vínculo mediante interacciones arbitrarias que cobran sentido a través de los hilos mismos, entre otros hilos contrapuestos con la otredad de los hilos de allá —esos que a veces vemos sin comprender—.Hilos tensos, hilos leves, hilos molestos, otros inconclusos, dinámicos, indecisos, vibrantes, luminosos, enredados, con nudos, enredados entre otros hilos... Hilos que empiezan siendo el misterio detrás de escena y terminan siendo la medida de lo cotidiano.



¿Cómo dejar de entretejerlos y anudarlos? En mí veo germinar esa costumbre como un reflejo casi autómata, un escalofrío constante de alguna materia que no veo pero está, siempre está. El tejido responde a un movimiento de agujas gigantes que veo desde abajo cuando logro verlas, como pasa en esos momentos plagados de sonidos intermitentes que se sincronizan de golpe. O será que el que se sincroniza es uno con ellos, andá a saber.
En particular, diría que veo algo así como manos que hacen crochet con hilos infinitos, o eso creen ver mis ojos. Veo también mis hilitos ínfimos, que en realidad no son míos y tantas veces creí gigantes sólo comparándolos con otros. Siempre que los miro revive en mí esa dinámica conocida de querer "ser grande" cuando "sos chico" y viceversa, ese capricho que termina sólo cuando cierra el telón. Y decir que termina es un eufemismo, porque termina como lo hace la lluvia, que vive y crece detrás de escena. Qué subjetivo esto, hablar de lo grande y lo chico. Y qué grandes compañeras son las comillas... tan pequeñas.

En fin, así los ojos se me bizcan, veo borroso y desnudo nuevos hilos que apuntan a cualquier lado, hilos mal ubicados, mal dimensionados. Grandes hilos de metal entre la cabeza y el corazón, hilos repetitivos ahogando mi Animus, hilos rígidos por tanta helada, hilos con nudos tras nudos tras nudos entre varios hilos irreconocibles. Hilos que ya no se sabe de dónde salieron, que tal vez se hagan círculos sin saber.
Hilos especiales, con otra textura, que me arriesgo a nombrar como temporales y atemporales. Son los mismos y apuntan a nuestra raíz del tiempo, lo Creativo, aferrados con fuerza a nuestros niños: hilos que cada tanto hacemos riendas y nos reímos con un hacer que nace del ser (risas que también vienen entretejidas. Espasmos estornudos del inconsciente).

Veo, desetiqueto en círculos, y observo el desorden.
Me aburro; tiro de un hilo y veo lo que pasa. Tiro de otro hilo, veo lo que pasa. Así.
Veo por otra parte, con la mirada todavía borrosa, caños, cables y vigas que atraviesan a toda la casa y veo, por supuesto, las paredes que la contienen. Hay un altillo que siempre está y siempre olvido. Subo. Arriba un nene duerme, el sol pega siempre, las nubes nunca llegan y se siente nuevo estar, como rozando el pasto con los pies. Nuevo, como un encuentro-despedida en bucle. Siempre nuevo.
Y veo la casa que en el entretanto parece más conventillo que hogar. Imaginate: un comedor atravesado con hilos, tantos como para atar mil elefantes ¿cómo se vive así?. Pero así vivimos robotizados si no vemos una matriz aunque sea imaginara y mientras veo el supuesto desorden ya no veo la estructura física que cada tanto me marea (ahora que lo escribo veo tan claro que me da más vértigo el limite que el enjambre de nudos. Así vivo).

Alguno pensará que en vez de conventillo eso es un manicomio. 
Quien pueda que haga la distinción concreta, porque a mí, por lo pronto, no me sale hablar de la locura como los que reman entre habladurías del día a día. Lo que deduzco irracionalmente es que: 
los hilos están siempre, 
la estructura puede faltar
o mutar
o ser un río
un río de tela
un telar de agua.
Los hilos están
el sol también.


Algún día de esos que naufrago me doy cuenta que desde el parque, afuera y lejos, se entiende mejor el telar, sobre todo cuando me subo al roble florecido. Entender es una palabra gigante pienso, y después me pasa algo fuera de mi común: me aburro de pensar estando ahí afuera y arriba.

Afuera y arriba: cómoda combinación de términos y ubicaciones desde donde administro sin lógica los hilos (lugar que aparte de cómodo es seguro porque no tengo que hacerle frente al león que da vueltas alrededor de la jaula abierta. No es que le tenga miedo, lo que pasa es que todavía no puedo mirarlo fijo aunque me enamore —¿aunque o porque?—. Lo mismo me pasa con el sol. Me pasa con eso-que-se-siente-de-golpe. Mejor ni hablemos de eso, me confundo)

Y también me doy cuenta sólo ahí, lejos del enredo, que puedo elegir de qué hilo tirar. Me veo siendo y escribiendo todo esto porque en realidad ahí lejos estoy en un sueño con ojos bizcos abiertos, y sueño: no siento mis manos ni la fuerza de mis brazos, pero algo esta en tensión; no siento mis piernas contra el árbol mientras sé que hay un roble y sé que estoy arriba —¿sé o intuyo?—; siento poder, pero no es la sensación de manejar un tanque, ni siquiera es una sensación que me atraviesa, sino algo como el poder de alternar mis movimientos en cada aspecto, en cada cuerpo, como si mantuviera bajo el agua un globo que puja por salir durante el día; siento que hay algo que me pasa pero no soy yo el que pasa cuando me pasa eso.

Tal vez decir "en realidad" y "sueño" en la misma frase pueda falsear sentidos concretos aparentes, pero lo que pasa es que el mundo que describo es un mundo de metáforas, un mundo de sugestiones.. Me abro a ver que todo eso también es el mundo desde el que escribo 
de alguna forma ahí o allá es más fuerte, más concreto 
pero es el mismo mundo que hago fetas para explicarlo
(justamente ahí o allá la metáfora puede ser concreta, 
eso es lo que pasa ahí pero acá no, ¿me explico?).

Freno, no quiero enredarme más, así que jugando tiro del único hilo celeste: con el impacto el nene se ríe y me contagia, el león brilla más fuerte y ruge, las puertas ya no están, el altillo se hace vitrina y el árbol agua. Un único hilo celeste anudado en trenza de mujer. Un único hilo trenzado, mi mano que no es mía y no se si estoy dormido o despierto... Y eso pasa ahí, pasa que no sé, pasa que todo esto es un cuentito corto de lo que siento después del vértigo.
Asumo la caída y soy paracaídas sin hilos.
Soy la campana inflada con fuerza.
Soy solo ese momento ahora que escribo sobre éste acá.



Y eso que estaba pasando ya pasó.
Ahí o allá sigue estando en el mismo lugar, ahí o allá, pero el que se mueve soy yo.
Y el movimiento es inevitable.
La oscilación es cadencia y armonía.
Respiración inconclusa de los hilos sobre el Todo.

viernes, 19 de agosto de 2016

Un reloj sin segundero

¿Quién sos? Pestañeo y te reconozco ahí donde mi carne sabe que vas a estar, ahí donde ya transpiré, morí y renací infinitas veces. Guiño un ojo y entiendo tu guiño, pero ya no es el mismo que veo. Te moves, nos movemos, pero nunca completamente juntos... siempre nos quedan incompletas las distancias.
Si estiro un brazo hacia vos los patovas de la materia me reprimen; y te extraño mientras me sacan a patadas, porque vos ya fuiste mientras yo estoy siendo. 
Te extraño y es extraño sentirlo. Sos extraño: no te recuerdo pero estás en mi memoria.
Me sorprendés con cada gesto mientras una parte de mi ya te conoce hasta el bostezo. ¿Qué memoria te habla ahora?
Y te extraño. Te extraño porque no sos mío y te siento el pulso. Porque estas adentro pero del otro lado, ahí donde un plasma desequilibrado nos repele. Porque nunca vamos a caminar esas calles con los mismos pies ni acariciar con las mismas manos. Incluso en la tumba vamos a estar tan, pero tan lejos... Te extraño, pero sé que hay otras calles, otros tiempos, otros pies, otros cuerpos. Creo que te crucé alguna vez por allá, ibas distraído mirando al tiempo, sin zapatos, y tu sonrisa parecía un peinado nuevo. Cruzamos miradas y pude ver a través de tu cráneo. No pensaba en nada

Después me desperté y estaba desnudo. 

Ahora que lo pienso no se si eras vos el que vi.



En efecto te pienso distinto, y eso pasa cada vez que el sol no pega mucho ni poco, cada instante en que el viento frena acompañando cada movimiento y el reflejo muestra más que un símil de segunda mano. Entre toda esa perfección, mi homo sapiens se razona y en sus gestos se nota el temblor como resistencia a perder su credo; el miedo a los patovas que dañan lo único que le pertenece... 

Pero ahora mi sapiens brilla arte con el alma, y se pregunta ¿a cual de esos cuerpos le pertenece el brillo? Eso que se mueve no es de nadie más que de la libertad, y se da cuenta cuando habla de ella, la eterna bailarina, solo así se da cuenta que pertenece a algo más grande que espera siempre acostado y cuasi poseído a que vuelva a su primer cuerpo.
Sin más, me hago un buche con el cuentagotas del tiempo y descubro la impertenencia: sumando lo que fui, lo que soy y ese otro flechazo al futuro, el bigbang se hace tierra fértil. Y renazco.

viernes, 5 de agosto de 2016

Mostrame los relojes que defienden tus fantasmas


¿Cómo? 
Nuestros cómos son como nosotros.
Somos nuestros cómos.

Contame de vos: hablame de mi.

Contame tus cómos, esos papelitos dorados que recubren a tus qué. Si querés contame tus qué, tenemos tiempo sabés... pero para serte sincero, son lo que menos me importa de vos. El agua está caliente y hay miel, así que contame un poco más. Tranquilx, el tiempo no existe.
Contame los cuandos que fueron tiñendo tus cómos de hoy, o los de ayer también, contamelos todos y ni dormido voy a querer dejar de escuchar. Capaz no los entiendo, tampoco importa mucho entenderlos, contamelos todos que me encanta escucharnos.

Contame cuantos cuandos se repitieron entre tus pies que se pisan a sí mismos y cuantos de esos traspiés se repiten todavía: contame tus eternos retornos que son los míos también (contemos lo que no es mío ni tuyo, lo que es nuestro y es de todos).
Contémonos todo lo poco que sabemos de nosotros mismos. Contemos para poder contarnos más, para ver los olores, para escuchar colores nuevos. Contemos sin números todos los detalles, para encontrar ese punto que se une con la línea o quedarnos ciegos.






Contemos para un día dejar de contar.

Para que un día podamos sentarnos en el balcón a mirar pasar el sol, las señoras con los carritos del chino y los camiones de enfrente que pasan quietos. Que miremos a un punto fijo y no veamos solamente el qué fijo del punto, sino también sus cómos incendiados de sol, sus cuandos cambiantes del agua en sangre y sus cuantos hechos de interminables pedazos de nada que nos inyectamos despacito.
Que veamos juntos con cuatro ojos que son dos que son el mismo en el punto móvil del cómo que se posa en el cosmos para ver nuestras pupilas.

Sentémonos en el balcón a mirar lo que nos va, lo que nos viene. Sólo a mirar para aprender a mirarnos entre las cartas eternas que nunca llegan.
Y cuando te aburras, pasame el mate y andá a mirar por otro lado. Está todo bien, andá tranquilx que yo voy a cambiar la yerba que ya se lavó.

Siempre está todo bien, sabés... Las respuestas sobran cuando las preguntas no existen.

Descubrite, que descubiertos podemos estar mejor que bien, si es que existe eso.

Descubriéndonos para contarnos, y también al revés, así el semicírculo se completa en su mismo semicuerpo que puede ser el nuestro (o el cuerpo del encuentro de las miradas, quién sabe).
Hoy sobra la miel, quedémonos acá que el otoño nos presta un ratito más de calor. 

Y tomá, que me cansé de cebar.
(nos)


domingo, 24 de julio de 2016

Humanizarse en lo bestial

Animalidad 
como reverberancia 
de lo íntimo.

Un animal no libertino, un nuevo animal nacido de su raíz y su pulso natural, con la fuerza del paradigma que nos rodea y sus prototipos y arquetipos y rellenos. Bestia nacida de lo no humano y a partir de lo humano.
Y esa idea... esa ilógica idea de ir; de buscarla; de morderse los dientes; de hacer grises con lo cromático... Lo activo en lo pasivo y viceversa. ¿Cómo hacer inacción? (¿"Cómo"?)

¿Como no morder empachado la insaciable lengua moral? 
No me mires así, fiera domesticada...

Animalidad. Animalismo.
Lejos de significados, el animal se crea a sí mismo sobre cualquier pasto improvisando su solo en la dinámica universal. Vive para darle valor a sus ideas. Existe para inflar de peso su caminar. Una aparente falta de significantes repleta de significado.
Pero nosotros, perdidos entre el pavimento con la palabra siempre ahí, cerquita; llevando de la mano ese quiste de lo no animal. Dependiente de atención, haciendo ruido, la caprichosa palabra eventualmente se agota y abre un nuevo espacio, le hace lugar a un terreno sin techo para dejar de preguntarnos "¿cómo?" y ser (¿"ser"? Suceder consciente. Res non verba, digamos):

Ser saliva; agua mamífera; bestialidad que nos da sucesividad; improvisación sobre armonías naturales que transportamos en las fibras más sensibles. Lo natural que en primera instancia creamos en nosotros y en última instancia nos crea (¿cómo hablar de lo primero y lo último en espacios atemporales? ¿cómo dejar de intentar hablar sobre ésto abarcándolo por arriba, por abajo, por su centro o su periferia?)

Y hablar de ésto siendo bestial. Hablar de ésto: la vía para dejar de hablar de ésto y en el camino de vuelta hablar de eso. Eso, la saliva, todo eso. Eso que puede dar repulsión: lo que inevitablemente compartimos. Desandar el camino, retroceder y volver a empezar, no importa con qué palabras lo digamos: toda devolución de lo caminado le queda corta a ese 'cómo' que afina mejor con la falta de peso en las ideas, con la idea de realzarse a un punto más alto y previo al nacimiento de cualquier camino; previo incluso a la existencia del rótulo "camino".


Estás siendo ese 'cómo' ahora.
Mostrás la quintaesencia del ser ahora.
Y ahora.

Y ahora.

Con todos esos retazos de comienzos, con todos los sucedáneos de sentido que acumulamos y con el sentido más íntimo que nos eriza la piel, crear una bestia pretérita y evolucionada cuyo opuesto no sea el humano, sino algo más que humano y más que bestia (¿"algo más"? ¿o más profundo? ¿más elevado? ¿importa el adjetivo cuando se siente?).

Parado en la pieza del rompecabezas 
que es paisaje final 
-y es más que una sola pieza-, 
el desorden triunfaba.

Dejó de preguntar 
para mover 
la respuesta 
en el cuerpo. 
Mover la respuesta.
Moverse.

Mover.

Ahora.


martes, 28 de junio de 2016

Pensar es moverse (y/o crearse) [catarata de ideas]

¿Cuántos pensamientos de distancia hay entre nosotros?

Si pensamos en lo mismo, ¿cuenta como encuentro?

Los pensamientos son desplazamientos; son otros pares de brazos que también abrazan. Extensiones proyectadas que crean enlaces en un vaivén constante, momento a momento, en lapsos así: más chiquitos que un segundo.
Moverse es desplazar el cuerpo material, pensar es desplazar el cuerpo inmaterial. Entre ambos cuerpos, descansa un paréntesis eterno, una distancia que no dista por no poder ser medida... una especie de espacio sin materia.
Si elijo un pensamiento, elijo un universo posible entre agujeros negros.
Elegir implica siempre no elegir; acción y reflejo nunca se separan. Hacer algo implica no hacer otras cosas. Pensar algo implica no pensar otras cosas... Y si mirás bien, hay más "no" que "si": si elijo uno, no elijo infinito-menos-uno.

¿Que pasará con la elección que hace de agua entre ambos cuerpos-continentes? ¿Qué tan profunda es?


Si me muevo entre infinitos espacios, ¿Dónde caberá la ansiedad? ¿Existiría tal palabra?

Un cuerpo que sólo danza sin buscar evitar la caída recorre el camino paralelo a la mente que sólo se desplaza expansivamente sin buscar evitar el error.
En el medio de la caída esta la danza.
 En el medio del error esta la expansión.


Así como se elonga el cuerpo y todas sus atomizaciones, encajes y músculos, ¿se podrán elongar los pensamientos con toda su complejidad e infinita latitud?

Conciencia del cuerpo para aprender a escoger cómo materializamos y en qué fluctuación desaparecer. Conciencia de "lo inmaterial" para comprender que también podemos ser infinitos y atemporales.
Aprender en cada disparo a hacernos infinito, para ser finitos e infinitos a la vez: Finitos por definición, infinitos por decisión. Empoderarnos de la energía que mueve nuestro cielo interno.
Tomar todos los caminos mientras "no tomamos" ninguno. Anonimarse. Animarse a ser anónimo.
Ser anónimo es elegir todo mientras se elije nada; una aparente contradicción que escapa al sentido... Metáfora que se desdobla en forma de ocho acostado. Metáfora que somos cuando hablamos sin palabras.
Cuando hablamos, ¿le decimos a lo coetáneo de qué se trata su existencia o dejamos que él nos cuente un poco de sí mismo?

Intento constante y voluntario en el que uno no le dice al momento lo que es sin antes escuchar qué es lo que el momento habla (mientras aparenta esconderse tras imágenes y luces parpadeantes).
Y si el momento nos dice que es ilimitado, ¿tendremos miedo? Tendremos miedo: cualquier pájaro tiene miedo de aprender a volar.


Si no se cómo hacer algo, ¿qué hago? Lo hago.

No salvarse en lo salvaje del propio precipicio.
Ser anfibios en multiversos que se enredan frente a nosotros, tejiendo y destejiendo perfección.
No asomarse a pagar en vigilia lo que en sueños uno se niega.
Descolonizar todos nuestros "propios" cuerpos: la libertad no es un río, es el agua y su caudal. (¿a quién le pertenece el agua? Pensalo...)
Higienizar la mirada y dejar de saber para poder ver; para moverse.


Ir sin cuerpo y sin palabras a enraizarse en cada átomo.


Fundar un suelo ahí, donde podés moverte. Fundarte tu país por partes hasta que toda la extensión sea tu propio suelo, tu propio sueño.